Virus, modernidad y capitalismo

Por: Patricio Pilca

Las ciudades son el “gran” logro moderno, sinónimo de modernidad es el cemento, las vías, los edificios levantándose cual murallas invencibles que incorporan un nuevo estilo de vida, un nuevo habitus. Todos quieren habitar en ellas. Si hay una victoria notable del capitalismo es la ampliación de la ciudad como eje del desarrollo y la inserción ideológica del progreso como parte de esta.

Si uno quiere buscar una de las causas de los virus en el siglo xx debería empezar por ahí, pues el crecimiento de la modernidad, por tanto, de las ciudades ha significado la ampliación de la urbanización y la perdida, cada vez mayor, de los bosques. El cemento le ha ganado la batalla al campo; es decir que el hormigón armado termino desplazando o enterrando, mejor dicho, a la tierra. Para muestra unos ejemplos. El virus del Ébola, que se cree proviene de murciélagos frugívoros (animales que se alimentan de frutos). Las poblaciones de especies de murciélagos que se alimentan de insectos tienden a disminuir en los bosques fragmentados, mientras las especies frugívoras tienden a aumentar, esto, dado que estas plantas crecen rápidamente después de la tala de un bosque. Así, los murciélagos se ven obligados a encontrar nuevos hábitats como jardines, parques y granjas, donde sus secreciones entran en contacto con los humanos.

Otro ejemplo es el de la malaria en Borneo de Malasia en donde se descubrió que el transmisor de dicha enfermedad es Plasmodium knowlesi causante de la “malaria de mono” que habita en los macacos, dicha enfermedad no estaba siendo diagnosticada debido a la similitud de esta con P. malariae y P. falciparum. En este sentido, la malaria de los monos se ha convertido en la causa más común de enfermedades en Malasia y las afectaciones en humanos constantemente van en aumento en el sudoeste asiático. Los bosques de Borneo han sido talados a un ritmo acelerado principalmente por las plantaciones de palma, lo que ha generado un contacto directo entre humanos y macacos/ monos, donde los mosquitos infectados contribuyen en su transmisión. En el caso de África, la malaria es la principal enfermedad endémica parasitaria; el principal transmisor de esta enfermedad es el mosquito Anopheles gambiae, el cual prefiere hábitats como cultivos o pantanos sombreados a bosques. Así, hay muchos ejemplos de enfermedades zoonóticas (infección o enfermedad del animal que es transmisible al ser humano en condiciones naturales o viceversa) que afectan grandes poblaciones de humanos y que tienen su origen en los bosques. La causa principal de estas afecciones está vinculada directamente con los entornos forestales los cuales crean ciclos zoonóticos limitados. A medida que los bosques se talan en todo el mundo a un ritmo alarmante, se aceleran de la misma forma las futuras pandemias.

Y es que ni siquiera los movimientos hippies han logrado golpear la lógica urbanizadora, más bien son la reafirmación de la ciudad ampliándose y reduciendo estas experiencias a una maceta dentro del departamento o máximo a una separación de la basura orgánica y no orgánica. Un esfuerzo útil pero no suficiente en esta vorágine de consumismo inevitable. Muchos especialistas predicen que después de la cuarentena los niveles de consumismo van aumentar de forma considerable.

 Y es que la magnitud de esta crisis de la salud, no solo se reduce a eso, sino a una crisis ambiental, política y cultural, y no solo económica como quieren hacer ver las mentes lucidas del neoliberalismo, que todo lo reducen a un número dentro de las estadísticas. Y bueno, eso a veces, porque en el caso de las muertes, hay unas que ni siquiera importan, y no son contabilizadas como tal. Son muertos anónimos que ni siquiera llegan al estatuto de número contable para el gobierno. La batalla contra el coronavirus no es la lucha contra un exterior, es contra nuestra forma de vida, sino logramos entender esto, no hemos aprendido nada de esta crisis. Es una lucha contra la explotación de la naturaleza y de la fuerza de trabajo, contradicciones que el sistema capitalista en toda su historia no ha logrado solucionar. Deberíamos volver a pensar en la fuerza de trabajo contenido en los cuerpos, pues es allí donde se materializa el virus.

Ni siquiera la nuda vida, pensada como potencia, es posible en estas condiciones, donde la desinformación y el nacimiento de miles de expertos diciéndonos que hacer es suficiente, porque son esos cuerpos, esos “cualquiera”, los que primero están muriendo. No solo porque el virus los atacado de forma más directa, sino porque el mismo Estado de Excepción se encarga de silenciarlos.

Si recuerdan la obra “El Castillo” de Kafka, ahí donde el señor K se pierde en un laberinto. Hoy ese laberinto es creado por los mismos gobiernos, que han mostrado su verdadero rostro. Para seguir con la metáfora kafkiana, –sobre todo en el Ecuador– son maestros en la creación de laberintos para los ciudadanos, donde la ineficiencia es su mayor logro. Si alguien pensaba que la burocracia se presentaba en la forma weberiana, hoy han dado muestras que se presentan como laberintos, cuyo objetivo es desentenderse de los cuerpos que no le sirven y convertir en un motín al Estado, y para esto crean todo un aparataje del robo circunscripto a una confusión.

Bajo circunstancias, donde la acefalia es una constante, es momento, como sugería Benjamín, de colocar un freno a la rueda del progreso, por el bien de la naturaleza y el ser humano.

 

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Kapari Comunicación

Red de Comunicación Comunitaria Ecuador

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