El narcisismo herido

Por Jaime Torres

Fotografía: John Guevara / Diario El Telégrafo. En la avenida de Los Shyris, norte de Quito, se convocaron por la paz y la democracia. 

Al escuchar los pronunciamientos sobre la situación actual del país y de las prédicas que expresaron los voceros de las elites oligárquicas en Guayaquil, se puede notar que tiene una implicación profunda. Negar en primera instancia que el otro (indígena, obrero-trabajador, estudiantes y otros) tienen voz propia, autonomía para pensar, resistir y reclamar, es decir intrínsecamente se habla de ellos como manipulados por fuerzas del mal, Correa y Maduro, se los dijo traficantes, sediciosos los que pretenden desestabilizar el régimen, en otras ellos son los que están detrás de este caos y no una población consciente de la realidad que vive.

Y plantear que su ciudad como lo manifiestan, al parecer es un mundo diferente, defienden su forma de vida, su libertad (recordar el discurso de las películas gringas o el discurso de Trump), simplemente muestra lo que el psicoanálisis llama el narcisismo herido (o lastimado) de clase. Y lo primero que ocurre es negar al otro, desvalorizarlo y actuar destructivamente sobre ese otro que amenaza. O sea, los miles de indígenas, trabajadores, estudiantes, que se han manifestado con su legítimo derecho a resistir y rechazar un modelo económico, según estas declaraciones no tienen autonomía para pensar, ni decidir y están manipulados por intereses de los demonios mencionados.

¿Pero en realidad que pasa ahí?, lo que vimos ayer no es si no, la imposición de una forma de gobierno, identificado con el neoliberalismo, que antepone la avaricia de la acumulación de capital, por sobre la vida de los sujetos. Defender la democracia dicen, incluso aquellos que como los Bucaram que fueron los actores de uno de los gobiernos más avergonzantes de la historia, y a la que deberían haber hecho mención Nebot y Viteri al decir que rescataron a Guayaquil del latrocinio, del robo y el mal gobierno, pero no lo hicieron.

Herida la burguesía se vuelve más violenta de lo que usualmente es, y donde utilizando los aparatos represivos como la policía, el ejército, y de los medios de comunicación que crearon el espacio para desperdigar los discursos que claramente muestra que defienden sus intereses a cualquier costo. Es decir “la persona (o clase) narcisista suele reaccionar con ira o rabia intensas, sea que las manifieste o no, o tal vez ni siquiera se dé cuenta de ello”, como Fromm decía.

Esto provoca lo que se llama rigidez cognitiva, que es la imposibilidad de darse cuenta que ellos son los causantes del caos, al tomar medidas que los benefician y ponen en riesgo social a la mayoría, y colocar como única verdad que el mal viene de otros, donde se deposita el odio y donde se justifica la violencia, esta rigidez o necedad, solo demuestra la incapacidad de hacerse cargo de su responsabilidad.

Eso ha movilizado a toda la blancura de Quito y Guayaquil, con el discurso de la paz, cuando ellos son los que nuevamente quieren despojarnos de los pocos beneficios que tenemos, y que le ha costado a la clase obrera y campesina décadas de lucha, porque nadie nos ha regalado nada, es a pulso de la lucha de muchos trabajadores de la ciudad y del campo que logró beneficios de los que goza la clase media, los trabajadores y no todos los campesinos, indígenas y mestizos, que siguen viviendo en condiciones precarias.

Este narcisismo lastimado de la clase burguesa es subjetivamente peligroso, pues no dialoga, y si lo hace es con las escopetas en la mesa y donde claramente se observa que, no se puede perdonar al que históricamente estuvo bajo su dominio, cuando revela que tiene cabeza propia, y tiene además una manera de soñar un mundo distinto.

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Kapari Comunicación

Red de Comunicación Comunitaria Ecuador