¿Quiénes pusieron las bombas en la Universidad de Guayaquil?

GALO PLAZA-KAPARI

El daño material causado a la Universidad Estatal de Guayaquil es un daño histórico, no es el hecho de explosivos dañando carros, sin muertos ni heridos. Sino el ocultamiento de un soterrado y continuo reparto antidemocrático del futuro académico y político de los hijos del subproletariado guayaquileño. Reparto perpetuado en 12 años de pacto entre una Comisión de Intervención del correismo liderada por agentes venidos de universidades privadas al servicio de la “Reforma Académica” y la actual Comisión de Intervención del Morenismo-Nebotsismo, liderado por agentes externos de universidades privadas al servicio del “neoliberalismo”, ambos expertos aprovechadores de la crisis institucional y social de la UG.

El asociar bombas y Universidad de Guayaquil, despierta una imagen tradicional sobre el alcance de la reputación de la educación superior pública del guayaquileño subalterno. Los políticos pulcros, los empresarios decentes y los intelectuales honestos no dejan de abonar al lugar común de la mediocridad y la violencia que profetizaron las élites plutocráticas del Club de la Unión, la presión de grupos de poder en forma de fatal devenir de la educación superior del país, que Velasco Ibarra no podía permitir, si cedía a las demandas de la masa de bachilleres que incendiaba el centro de Guayaquil en mayo 1969.

Se ha cumplido 50 años de la decisión de Velasco de masacrar a bachilleres en la Casona Universitaria, decisión impuesta por la plutocracia y sus aliados, incluido los fundadores del CFP que más adelante se convertirán en el principal movimiento político de las masas populares guayaquileñas.

Es necesario esclarecer los hechos del 29 de mayo de 1969, generados en la misma contradicción en la que crece la prole guayaquileña dominada por la componenda de la burguesía financiera y comercial. Si existe una lucha franca y abierta, esa lucha la van a protagonizar la necesidad histórica de asunción de los hijos del subproletariado convencidos de que acceder a una carrera universitaria es sinónimo de realización económica y social.

No aparece, por ningún lado, la determinación orgánica del programa comunista luchando contra la plutocracia de la burguesía financiera y comercial, sino la voluntad de miles de bachilleres excluidos, que ven a sus padres y madres atrapados por el populismo en una eterna red clientelar de miseria y engaños de prosperidad material y espiritual, son bachilleres que intentan tener los mismos derechos que los hijos de la plutocracia y la oligarquía costeña.

Por ridículo que parezca, ir tras una versión objetiva de los hechos del 29 de mayo de 1969 por dentro de la izquierda comunista existente en esa coyuntura, es meterse a un ring de boxeo en el cual se disputan su conducción una casta de dirigentes universitarios de izquierda que en los años venideros 70 y 80, harían el colchón, para que la profecía de la plutocracia se cumpla, una masificación de la universidad pública con clases populares que no logró disputar las capacidades productivas académicas y tecnológicas a la burguesía financiera y comercial, ni poner estas al servicio de los barrios, comunas y cooperativas empobrecidas y despojadas por el creciente capitalismo neoliberal, sino, que esa izquierda en realidad lo que condujo, fue el reparto de los espacios de poder político dentro de la Universidad Estatal, haciendo concesiones, a la social democracia y al paramilitarismo, con tal, de estar dentro de las argollas de poder agrupadas en distintos niveles.

Para los años noventa, la social democracia y el neoliberalismo, superó con su propuesta burocrática, autogestinada, desarrollista y planificadora el lugar de la violencia y la mediocridad, ahora, la Facultad de Economía pariría la Facultad de Administración, que conjuntamente con la Facultad de Ingeniería Civil y Arquitectura producirán los cuadros que acompañaran el proceso de urbanización neoliberal de Guayaquil. El resultado: un nuevo proceso llamado Reforma Roldos, que propició el regreso a un nuevo tipo de restricción económica, impuesta por el precio a las matrículas y pensiones a la educación pública. Los grupos nacidos en este periodo, domaron la izquierda comunista de los 70 y 80, los invitaron a compartir el poder, los más consecuentes cuadros del PCE y del PCMLE fueron controlados, cooptados o desplazados por los llamados 7 jinetes del apocalipsis. Entre los más nombrados, Coquin Alvarado (Decano Facultad de Comunicación) y Carlos San Andrés (Facultad de Administración).

Entre los años 1990 y 2000, la izquierda comunista, así como la derecha, no se pronunciaron académicamente, políticamente, ni científicamente en la coyuntura de 1999, la misma derecha causante de eliminar las restricciones de acumulación a la banca, endosando el riesgo moral y económico al Estado, hizo autocrítica en la universidad y se atrincheró en las facultades. La izquierda comunista, sin mayor critica, no asumió ni aceptó, su incapacidad para generar una estrategia unificada y real que critique la post- abolición de las restricciones académicas y económicas que los excluían de una formación técnica y administrativa. Resultado final, la debacle.

En el periodo de la Revolución Ciudadana, la izquierda comunista del PCE y AP lograron desplazar al PSC, PRE, MPD, PSE y ex Atalas de su pacto de gobernabilidad, y si bien, promovió a cuadros del PCE como Javier Garaicoa; en la práctica, la reforma universitaria Correista forjó nuevos perfiles políticos y académicos venidos mayoritariamente de las universidades privadas como: Universidad Católica, UEES y Flacso, el cabildeo de las reformas correítas, terminaron por justificar el desplazamiento de las mafias enquistadas en la Universidad de Guayaquil, revocando una autonomía que se denunciaba de servir solo para el reparto, la mediocridad, le ineficiencia y la violencia.

La Comisión de Intervención del correismo, liderado por agentes externos venidos de universidades privadas al servicio de la “Reforma Académica Correista” mejoraron los perfiles docentes, aplicaron la gratuidad de la educación, hicieron mantenimientos de la infraestructura presente y, desmontaron la escasa vida política y social del estudiantado con informes de expulsión o acoso a la protesta, seguido, de que no lograron ejecutar eficientemente el presupuesto de más de 178 millones de dólares, y lo poco que ejecutaban, era para tener contentos a la burocracia, y no para hacer un campus nuevo, o pagar mejor a los docentes, o enviarlos a especializar o generar mejores servicios al estudiante.          

Por otro lado, el cambio de gobierno nacional, no significó el retorno de la autonomía política, administrativa y financiera para la Universidad de Guayaquil, el reparto era el premio de conquista de los desplazados por el correismo, la Comisión de Intervención del Morenismo-Nebotsismo liderado por agentes externos venidos de universidades privadas se pusieron al servicio del  “neoliberalismo”,  aprovecharse de la crisis institucional y nacional para imponer una agenda de retrocesos académicos (no exigir PHD en altos cargos y docencia), estancar el plan de obras de infraestructura física y tecnológica, y con ello, boicotear el proceso de acreditación, misión que solo sirve a ese eterno reparto de élites políticas y económicas que no se ha podido librar ni de forma democrática ni revolucionaria la Universidad de Guayaquil.

No es necesario buscar culpables de las bombas panfletarias -que dejaron solo daños materiales-, habría que buscar a los verdaderos culpables de la situación política y académica de la Universidad de Guayaquil, habría que buscar en las élites políticas y económicas de turno que nos gobiernan, y en una izquierda al servicio de la derecha neoliberal. Los bachilleres hombres y mujeres de guayaquil deben poder fin a la espiral de violencia, salirse del sendero del clientelismo político, que los conduce al oportunismo, generar capacidad permanente de indignación y fuerza colectiva para cambiar el negocio del reparto, por la transformación de la sociedad a favor de las grandes mayorías, de los trabajadores del campo y la ciudad.

 

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Kapari Comunicación

Red de Comunicación Comunitaria Ecuador