NOS-FALTAN-TRES el comercio

Nos faltan tres. Nos faltan verdad y justicia

María Eugenia Garcés kapari

Nos enfrentamos, por primera vez, a la descarnada deshumanización que significa el narcotráfico. Recibimos el golpe cotidiano al que se ven sometidos los ecuatorianos y, también, los colombianos pobres que habitan en la frontera. Las historias contadas por los periodistas, durante algún tiempo, ahora provocaban sentimientos. Ya no eran espectáculo, cifras, datos. Se volvieron imágenes, símbolos, realidades cercanas.

Hace un año Javier, Paúl y Efraín, periodistas y conductor, dejaron de relatar noticias para convertirse en un hecho noticioso, doloroso en sí mismo por lo que humanamente entraña el secuestro y asesinato de una persona.  Hace un año, partieron como muchas otras veces a cumplir con su trabajo, un trabajo que no iniciaba ese día, que era la continuación de otros muchos en los que destaparon realidades. No buscaban historias, como alguna gente, muy superficialmente, sostiene.

La muerte los encontró en un esfuerzo por dar seguimiento a un tema que develaba un entramado de corrupción e impunidad en un territorio en el que sus pobladores están en medio de la pobreza, el abandono, el miedo y la sobrevivencia.  La responsabilidad profesional con la que lo abordaron rebasó su propia muerte y, triste pero sorprendentemente, el objetivo con el que fueron hacia la frontera se cumplió más allá de sus propias expectativas. La realidad en toda su magnitud estaba expuesta al mundo.

En pocas horas, en pocos días, la noticia de su secuestro y posterior asesinato traspasó las fronteras nacionales, y las dudas y sospechas sobre las vinculaciones políticas a alto nivel con el narcotráfico, la minería ilegal y otras actividades ilícitas, empezaron a encajar como piezas de un rompecabezas. Hechos aparentemente aislados que se vislumbraron como un escenario complejo y articulado.

También se expuso en toda su magnitud una realidad social existente, que por lejana no era reconocida: la pobreza que hacía a las poblaciones fronterizas presa y, en muchas ocasiones, partícipes obligados de oscuros negocios.  Pueblos enteros sometidos a la ley del narcotráfico, con gobiernos inexistentes e incapaces de hacer frente a este problema y proteger a sus ciudadanos. Un Estado que pretendió controlar la situación a través de las fuerzas del orden, pero que nunca se preocupó del bienestar de sus ciudadanos. Un Estado que no invirtió en políticas de desarrollo para los pueblos de frontera y, a veces por acción y la mayoría por omisión, contribuyó a multiplicar la mano de obra para las actividades irregulares.

Se reconoció, además, a un gobierno débil, errático e inexperto.  La crisis que significó el secuestro y asesinato del equipo periodístico fue agudizada por una política de comunicación que sembró más dudas y desasosiego que seguridades, a lo que se sumaron acciones y contradicciones que tejieron sombras sobre la decisión y fortaleza del gobierno para salvar la vida de los ecuatorianos.  Entendimos que la soberanía era un discurso -nada más que eso- cuando se revelaron las acciones del gobierno colombiano frente al pedido y decisión del presidente del Ecuador de que cesaran las actividades militares en la zona para preservar las vidas de Javier, Paúl y Efraín.

 

EL-COMERCIO NOS FALTAN 3

 

Nos enfrentamos, por primera vez, a la descarnada deshumanización que significa esta lacra social que ahora nos cacheteó en la cara.  Sentimos por primera vez el golpe de una cotidianidad a la que se ven sometidos los ecuatorianos y, también, los colombianos pobres que habitan en la frontera.  Las historias contadas por los periodistas, durante algún tiempo, ahora provocaban sentimientos. Ya no eran espectáculo, cifras, datos. Se volvieron imágenes, símbolos, realidades cercanas.

También se puso en cuestión y análisis una década de abusos contra la prensa y los periodistas que pretendió acallar la denuncia, la defensa de derechos, coartar las libertades.  Nos permitió, a comunicadores y periodistas, reencontrarnos, rehermanarnos en medio del dolor, reaglutinarnos por la defensa de los derechos, las libertades, la democracia.

Dolorosamente, el asesinato de Paúl, Javier y Efraín contribuyó a que este país entendiera la magnitud de una realidad que, de una u otra forma, conocía a través de los trabajos periodísticos. Cumplieron colegas. Ahora falta que el gobierno asuma su obligación de devolvernos la verdad y la justicia, palabras que se han alzado durante este año como un grito nacido del sufrimiento de sus valientes familias, periodistas, comunicadores, amigos, ciudadanos.  

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Kapari Comunicación

Red de Comunicación Comunitaria Ecuador

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