Migración: una prueba ética para la izquierda

Fernando Cerón kapari

Es necesario una acción desde el Estado que planifique y regule el ingreso de la migración, pero más importante es que la sociedad genere mecanismos para contener la crisis desde su acción solidaria, que la intelectualidad desnude los engranajes del sistema que hacen posible estas crisis, que la militancia genere posibilidades de dar respuesta política a la contracción incluidos-excluidos.

En los últimos meses, se ha configurado, en una parte de la opinión pública, la idea de que el ingreso de una gran cantidad de migración venezolana es el problema central del país, como si por arte de magia fuera posible olvidarnos del sobreendeudamiento del Estado; el perdón millonario de las deudas de las grandes empresas; la corrupción del gobierno anterior; el incremento del desempleo; y el viraje a las recetas neoliberales.

Las opiniones en torno al fenómeno se han divido en dos trincheras: del “todo es culpa del inmigrante”, como si los problemas estructurales de nuestra economía se solucionaran evitando la entrada de trabajadores al país, al “hay que abrir completamente las fronteras”, condición que es insostenible en nuestra débil economía, más si no se tiene un proceso de planificación y control de la migración. Es decir, este tema se ha convertido, por un lado, en un espeluznante ataque de odio insolidario respeto a lo que sucede en Venezuela, y por el otro, en una izquierda con una postura más moral que política, en el que se prioriza la necesidad de acoger al otro más que las condiciones concretas de nuestra sociedad ecuatoriana.

Con todo, si este asunto es un problema ético, tiene que ver con la relación que, en tanto humanos, generamos con el otro. Como dice Zizek, “todo prójimo es, en última instancia, inquietante. Puesto que el prójimo es, como sospechó Freud hace mucho tiempo, primordialmente una cosa, un intruso traumático, alguien cuyos modos de vida distintos molestan, desestabilizan nuestro modo de vida, cuando el prójimo está demasiado cerca puede acabar provocando una reacción agresiva dirigida a alejarnos de ese molesto intruso”. Ante el diferente se generan dos respuestas inmediatas: la incomodidad de encontrarnos con algo distinto que puede poner en riesgo nuestra cotidianidad y, a la vez, se nos presenta el hecho innegable de que estamos ante un otro que pudiéramos ser nosotros mismos. Basta con recordar que Venezuela, hace no mucho, era un foco de migración a donde llegaron ciento de miles de latinoamericanos buscando empleo, y que ahora se enfrenta a una profunda crisis humanitaria.

El problema radica en que aquel discurso moral, alejado de todo elemento de debate político, descontextualizado de la materialidad que le dio origen, se convierte en un discurso vaciado, incapaz de cuestionar la realidad, y sometido a ser un lugar común. La lucha a favor de los desplazados venezolanos es una cuestión de justicia y, por lo tanto, alberga la posibilidad de un espacio de subversión política.

Según plantea, de nuevo, Zizek, el capitalismo se enfrenta en su etapa actual a cuatro grandes contradicciones: ecológica, de propiedad, a los nuevos descubrimientos tecnocientíficos, y a formas de apartheid. Según este filósofo:

 

Las tres primeras pudieran llevar al fin de la humanidad. En la serie de cuatro antagonismos, el que se da entre los incluidos y los excluidos es el fundamental: sin él, todos los demás pierden su carga subversiva. La ecología se convierte en un problema de desarrollo sostenible, la propiedad intelectual en un reto legal complejo, la biogenética, en un tema ético. Uno puede luchar sinceramente por la ecología, defender una idea más amplia de la propiedad intelectual u oponerse al copyright de los genes sin enfrentarse al antagonismo existente entre los incluidos y los excluidos; incluso se podría formular alguna de estas luchas afirmando que los incluidos se ven amenazados por la contaminación de los excluidos. Pero, de ese modo, no llegamos a ninguna auténtica universalidad, solo tenemos intereses ‘privados’ en el sentido kantiano del término.

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Las luchas en torno al ecologismo, los derechos de propiedad en la era comunicación, los componentes éticos en torno a los nuevos descubrimientos científicos, y la situación de los migrantes y refugiados, se han configurado en los últimos años en los elementos centrales del debate político en el contexto internacional. De estos elementos, los tres primeros pueden ser resueltos en el marco del capitalismo, es decir, dentro del propio sistema se encuentran las condiciones para, mediante reformas o respuestas propias del mercado, dar salida a estos problemas -uno de los ejemplos más potentes es el mercado del carbono-. Pero en la situación de los refugiados y la migración se encuentra una contradicción que no puede ser superada por el sistema, y ello se debe a que en el centro neurálgico de la lógica del capital se presentan dos fenómenos que generan de manera permanente la exclusión de miles de personas: el plusvalor mediante la apropiación del trabajo del otro, y la acumulación del capital en menos manos mediante la ley del valor. “Solo el cuarto antagonismo, la referencia a los excluidos, justifica el término ‘comunismo’: los tres primeros se refieren, de hecho, a cuestiones de supervivencia de la humanidad (económica, antropología e incluso física) mientras que el cuarto es, en definitiva, una cuestión de justicia”, sentencia Zizek.

Con todo, no solamente se pone en juego una postura enfrente al capital en su producto más destacado, el ejército industrial de reserva, la exclusión permanente de miles de personas del sistema, condenados a pobreza, el hambre y desarraigo; sino también, se pone de manifiesto un tema de justicia, como es la llegada de miles de migrantes que huyen de una crisis mayor. “Quizá la solidaridad global sea una utopía, pero si no luchamos por ella, entonces estamos realmente perdidos, y merecemos estar perdidos”, dice el filósofo esloveno.

En definitiva, es necesario una acción desde el Estado que planifique y regule el ingreso de la migración, pero más importante es que la sociedad genere mecanismos para contener la crisis desde su acción solidaria, que la intelectualidad desnude los engranajes del sistema que hacen posible estas crisis, que la militancia genere posibilidades de dar respuesta política a la contracción incluidos-excluidos.  

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Kapari Comunicación

Red de Comunicación Comunitaria Ecuador