El Príncipe, la crisis y el odio

Lenin Moreno se presenta como el presidente de los diálogos. Conversa con todos -con algunos más que con otros- pero, en lo sustancial, es representante de un modelo claramente neoliberal, propuesto por las cámaras de la producción o gremios organizados de la burguesía capitalista.

La conducción política de una nación está sujeta, según El Príncipe de Nicolás Maquiavelo, a mantener el temor y el amor en el pueblo. Sin embargo, frente a la complejidad de desarrollar ambos al mismo tiempo se prefiere preservar el primero, puesto que el segundo es un sentimiento que se rompe cada vez que el hombre tiene un interés determinado. El temor, en cambio, no se desvanece con facilidad en una sociedad dominada por el castigo. No obstante, aun cuando se opte por el temor, el gobernante debe evitar ser odiado, ya que su potencia podría impulsar una sublevación popular que le derroque.

Leído desde esta perspectiva, la estrategia política del presidente Lenin Moreno ha sido más eficaz que la aplicada por su antecesor Rafael Correa. No tanto por su capacidad de dirección política, sino por sus ventajas comparativas: en poco más de un año de gobierno, Moreno logró distanciarse del discurso confrontador de Correa que, tras una década de desgaste del poder y agotamiento de su modelo modernizador, provocaba odios y pasiones polarizadas.

Moreno se presenta como el presidente de los diálogos. Conversa con todos -con algunos más que con otros- pero, en lo sustancial, es representante de un modelo claramente neoliberal, propuesto por las cámaras de la producción o gremios organizados de la burguesía capitalista.  Por el contrario, el expresidente era menos evidente en sus pactos con las antiguas y nuevas élites.

Sin embargo, no podemos explicar el aletargamiento social simplemente aludiendo al corto tiempo de su mandato. ¿Cuál ha sido la estrategia de Moreno para que el ambiente político del país esté aquietado? Incluso tras la importante y necesaria movilización del 20 de septiembre, convocada por el Frente Unitario de Trabajadores (FUT) en respuesta a la imposición de algunas medidas lesivas a los sectores populares, no observamos con claridad un proyecto político de los sectores organizados.

La clara alianza con la burguesía industrial y comercial de este país ha permitido generar una opinión pública que favorece la imagen de Moreno. Ha puesto a su favor la crisis estructural del capitalismo, que aparece como una ficción. Así, por ejemplo, argumenta que el caso Chevron es una responsabilidad del anterior gobierno, no de los tratados bilaterales que dan paso a los arbitrajes internacionales ilegítimos; o que la violencia en la frontera norte es una crisis propia de los problemas históricos de la zona, ocultando la sospechosa inacción del gobierno para dar respuesta a los casos de secuestro y narcotráfico. La elevación del precio de la gasolina o del diesel se explica simplemente aduciendo que es una medida que no afecta a los más pobres, pero no se dice nada del rol estratégico de los combustibles en el proceso de producción y en la distribución de las mercancías. En el caso de la remisión de intereses por mora, solo se menciona que el gobierno recaudará una determinada cantidad de dinero en tiempo récord, mas nada respecto de que el mayor beneficio de esta ley es para los grupos económicos más ricos del país, evasores tradicionales de impuestos. Sobre los desaparecidos, los secuestros de los trabajadores de El Comercio, la flexibilización laboral, el desempleo creciente, la criminalización de los jueces indígenas, la xenofobia y falta de atención a los migrantes, el aborto, etcétera, el gobierno ha preferido un conveniente silencio.

Para los médicos de la antigua Grecia, la crisis era el momento en que se decidía si el paciente vivía o moría.  En épocas de profundización y dinamización del capitalismo esa visión desaparece, en tanto que crisis y ficción son situaciones permanentes y perversas que permiten un aparente equilibrio en la inestabilidad propia de la base estructural económica y, en consecuencia, de las relaciones políticas de las sociedades.

El Príncipe ha hecho bien su tarea hasta ahora. Más que el apoyo del pueblo ha obtenido el de los nobles. El problema es que, tal como advertía Maquiavelo, en toda ciudad se hallan dos fuerzas contrarias, una de las cuales lucha por mandar y oprimir a la otra que no quiere ser ni oprimida ni mandada.  Cuando el pueblo se de cuenta de los márgenes de la ficción -pues no se puede satisfacer a los grandes sin lesionar a los demás, a pesar de la opinión pública de los nobles-, entonces despertará el odio.

 

“Un príncipe jamás podrá dominar a un pueblo cuando lo tenga de enemigo, porque son muchos los que lo forman; a los nobles, como se tratan de pocos, le será fácil”

(Maquiavelo)

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Kapari Comunicación

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