Graffiti - Red Kapari

El grafiti en la ciudad de la furia

Elizabeth Gavilanez - kapari Ecuador

La mañana del jueves 6 septiembre de 2018 hacían su entrada triunfal los seis vagones del primer tren del Metro de Quito, tres días después, la mañana del domingo 9 de septiembre, uno de los vagones se convertía en noticia. Una intervención llevada a cabo por 20 personas dejó en el vagón su huella nocturna.

Tras el hecho ocurrido el 9 de septiembre en el que 20 personas habrían amordazado e inmovilizado a la guardianía e intervenido con grafitis uno de los vagones del Metro de Quito, la alcaldía de la ciudad inició una serie de acciones para reprimir cualquier acto de esta naturaleza. Es así que, 2 días después las acciones emprendidas dieron su primer fruto con la detención de dos jóvenes[1]. Las cámaras de vigilancia los captaron mientras intervenían una pared en el centro de Quito. Lo que llevó a que un contingente de funcionarios municipales acudieran al lugar y los detuvieran. Posterior a la detención, los abogados de la Procuraduría y del Instituto de Patrimonio efectuaron una denuncia por afectación al patrimonio. Los jóvenes se enfrentan a una pena de privación de libertad de 1 a 5 años.

Detenidos Quito Grafiti
Foto: Cortesía brindada a El Comercio / Grafiteros detenidos

Asimismo, con la consigna de ‘eso no es arte’ se ha iniciado una persecución hacia quienes desarrollan estas actividades gráficas en la urbe. De este modo se tensionan las relaciones entre arte callejero, los habitantes de la urbe y las instituciones que regulan el espacio público.

Las ciudades se revelan como construcciones sociales normadas donde confluyen asimetrías y se tejen densas redes comunicativas que nos hablan de la necesidad intrínseca que tiene el ser humano por construir espacios simbólicos. Espacios que responden a un contexto social, a una situación económica, e incluso, a una ideología. El grafiti, como expresión contracultural, es el reflejo de la diversidad de voces que intentan comunicarse y hacerse notar en la selva de concreto que es la ciudad.

La importancia del grafiti no se queda en la mera representación gráfica, sino que busca, a través de las formas visuales, narrar la situación de un contexto determinado. “Quito en la actualidad es escenario de variadas propuestas gráficas donde la obra de arte urbano se mimetiza con el contexto, representa la realidad que le rodea y se vuelve parte de la cotidianidad del paisaje urbano” (Onoa,2015). Por lo que, es necesario entender la visualidad de las obras dentro de marcos contextuales.

En palabras de Ryszard Kapuściński: “Hoy, para entender hacia dónde vamos no hace falta fijarse en la política, sino en el arte. Siempre ha sido el arte el que, con gran anticipación y claridad ha indicado qué rumbo estaba tomando el mundo y las grandes transformaciones que se preparaban”. El grafiti, entonces, debe verse como un mecanismo de auto-representación, donde los sujetos vuelcan sus propias experiencias, sus malestares, inconformidades y anhelos.

En el contexto actual, donde la imagen juega un papel trascendental en la construcción social de la memoria, el grafiti es una acción subversiva que se abre camino en las paredes. Es así que, el espacio público se transfigura en un medio de comunicación donde se construye y lee, en contexto, el significado de una denuncia de un sujeto anónimo.

Esto plantea la problemática (contradicción) acerca de la accesibilidad y la exclusión que existe alrededor de los denominados espacios públicos. Por una parte, se plantea al espacio público como un lugar ideal de convergencia en permanente construcción, donde los sujetos interactúan y construyen una identidad; por otro lado, se repele a aquellos sujetos que usan el espacio público como medio para la visibilización de lo que, de humanos, tienen.

Estos grupos, tradicionalmente marginados, subalternos, producen contenidos que la mayoría de veces son vistos como manchas o bulla. Según Rancière (s.f.) no se escucha a los subalternos “porque sus expresiones son percibidas como ruido”. Por ello, se ha intentado anular las motivaciones que encierran los gráficos en el vagón del Metro que era un homenaje a tres grafiteros (Skuk, Skil y Suber) muertos en Medellín mientras realizaban una intervención en un metro. Mauricio Anderson, gerente general del Metro, manifestó: “Si esto es una oda o una exaltación a una serie de grafiteros que fallecieron lo siento mucho por ellos, pero esto es una agresión repudiable, un acto que indigna a la ciudad y debe ser sancionado”.

Homenaje grafiteros Medellín
Foto Captura: El Comercio / Homenaje a los grafiteros de Medellín, ilustración de dos jóvenes encapuchados

Al repeler, controlar y normar el acceso al espacio público se intenta evadir de la opinión pública las diferentes problemáticas que atraviesa el Distrito Metropolitano de Quito, como la crisis de salubridad por problemas en la recolección de basura, problemas de vialidad por mal estado de las vías, el aumento de la explotación infantil, la mendicidad, entre otros. Se busca ocultar que todas estas expresiones son el reflejo del malestar cultural. En palabras de Sigmund Freud, las restricciones que le constriñen al ser humano le motivan a buscar una forma de desfogar sus impulsos, sus pulsiones, con ello el orden social se ve irrumpido, abrumado.

La ciudad ideal de la modernidad

Con la fundación de las ciudades en América, también se institucionalizó la idea de una ciudad ideal que buscaba convertir a sus ciudadanos en personas civilizadas y eso significaba que fueran letrados y se mantuvieran dentro de los márgenes de la ley además de que fueran vigilantes de la misma. Una ley que no podían contravenir ni contradecir porque representaba la voluntad del rey.

Siglos después de haber sido fundadas las ciudades latinoamericanas, sus ciudadanos se han convertido en la encarnación de la ley. Un ejemplo puntual lo vemos en la acción del alcalde del Distrito Metropolitano de Quito, Mauricio Rodas, al suscribir un convenio con el Ministerio del Interior en el que se compromete con un aporte de USD 100 000 para motivar a los ciudadanos a delatar a quienes “cometan actos vandálicos contra la ciudad”[2]. Además se prevé instalar más cámaras de seguridad y aumentar el número de guardias en el sector donde están afincados los vagones del metro. Todo esto con el fin de ejemplificar de que aquel que se salga de la norma será juzgado.

Sin embargo, el vándal es una forma de aguante frente al poder político, económico y la presión social, donde la pared absorbe inconformidades y secreta resistencias. Citando a Ana Pérez (2008), no se debe pensar que la imagen vale más que mil palabras, sino que, a partir de ella, pueden obtenerse más de mil palabras.


[1] https://www.elcomercio.com/actualidad/ciudadanos-detenidos-grafiti-centro-quito.html

[2] https://www.elcomercio.com/actualidad/municipio-recompensa-vandalismo-grafiti-metrodequito.html


Bibliografía

Onoa, Alex. (2015). Antropología visual: Comunicación y arte urbano. Quito: UCE.

Pérez, A. (2008). La antropología visual. Madrid: Síntesis S.A.

El Comercio. (11 de Septiembre de 2018). Dos ciudadanos fueron detenidos por grafitear en el Centro Histórico de Quito. Obtenido de El Comercio: https://www.elcomercio.com/actualidad/ciudadanos-detenidos-grafiti-centro-quito.html

El Comercio. (10 de Septiembre de 2018). El Municipio aporta USD 100 000 para recompensas por información sobre actos vandálicos en Quito. Obtenido de El Comercio: https://www.elcomercio.com/actualidad/municipio-recompensa-vandalismo-grafiti-metrodequito.html

Gavilanes, E., & Onoa, A. (2014). Revista Viscerarte de Arte Urbano. Quito.

Freud, S. (1930). El Malestar en la Cultura. Austria: Verlag.

 

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