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Salvador Allende: “La historia es nuestra y la hacen los pueblos”

Miguel Angel Soto Kapari

El golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 truncó un proyecto político de izquierda y puso en discusión la dimensión de la acción violenta, si no hay violencia reaccionaria, contra la que luchar, no puede haber violencia revolucionaria, porque no se puede emprender una revolución contra algo que no es necesario derrocar. Toda revolución quita el poder a las fuerzas reaccionarias que, a su vez, oponen resistencia.

Con la llegada de Salvador Allende militante del Partido Socialista Chileno al gobierno de Chile en 1970, la posibilidad de construir el socialismo dejaba de ser un fantasma que merodeaba únicamente los círculos socialistas en América. La irrupción del socialismo por medio de elecciones libres y democráticas abre un nuevo debate al interior de la izquierda: ¿vía pacífica o vía armada?, que a la luz de los hechos ocurridos en Chile obtiene gran relevancia, si se considera, que la vía pacífica no necesariamente quiere decir vía no armada, pues en la medida que existe una estructura de dominación de una clase sobre otra, es inevitable que se den mecanismos de violencia en cualquiera de sus formas.

El golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 truncó un proyecto político y puso en discusión la dimensión de la acción violenta, la misma que dependerá de las condiciones de cada país, si no hay violencia reaccionaria, contra la que luchar, no puede haber violencia revolucionaria, porque no se puede emprender una revolución contra algo que no es necesario derrocar, toda revolución quita el poder a las fuerzas reaccionarias que, a su vez, oponen resistencia. El grado de violencia revolucionaria es directamente proporcional al grado de violencia contra revolucionaria que existe, y en Chile definitivamente la violencia contrarevolucionaria se hizo presente de la mano de Pinochet.

Sin embargo, la solidaridad internacional se activó y varios militantes socialistas chilenos migraron a otros países, uno de ellos el Ecuador, quién recibió a los exiliados chilenos con profundo compromiso con la consigna del latinoamericanismo.

Hoy, varios monumentos, plazas, campus universitarios y placas nos recuerdan la figura de Salvador Allende y el proceso socialista chileno, este reconocimiento es una demostración más del cariño que siente el pueblo ecuatoriano, hacia una figura tan importante como Allende, esta admiración surge fundamentalmente con la visita que hiciera el mandatario chileno en 1971, en la manifestará al entonces Presidente Velasco Ibarra “La cooperación entre nuestros países, en conformidad con nuestra realidad, debe estar inspirada por las grandes tareas que debemos llevar a cabo, para que el hombre latinoamericano pueda realizarse libremente. Los derechos sociales, particularmente los beneficios de la seguridad social, deberían ser válidos a nuestros conciudadanos en cualquier país donde se encuentren. Debemos esforzarnos por educar a nuestra juventud en los textos de historia de común interés, que subrayen los profundos intereses y esperanzas que nos unen”.

Estas aseveraciones hechas por el mandatario chileno confirmaban que Ecuador y Chile históricamente estaban vinculados por la solidaridad y la amistad entre estos dos pueblos, incluso desde el tiempo de la Colonia, personajes como el chileno Jordán Valdivieso que, junto a los ecuatorianos, combatieron por la libertad de Ecuador, y de América Latina. Asimismo, en Quito trabajó Camilo Henríquez, quién fue gran amigo del ecuatoriano, Eugenio de Santa Cruz y Espejo, ambos fundaron, con características muy similares, los primeros periódicos de sus nacientes patrias, «La Aurora de Chile» y «Primicias de la Cultura de Quito”. Periódicos inspirados en los principios de la Revolución Francesa. Principios que fueron difundidos en estos tabloides para consolidar de una vez por todas la Independencia de ambos países y que influyeron con mucha fuerza en el continente sudamericano. Ya en los inicios del siglo XX, los aportes del chileno Roberto Saa Silva, junto al ecuatoriano Augusto San Miguel, eran los productores del film argumental “El tesoro de Atahualpa”, que conmocionaba a ambos países porque en éste se expresaba las formas de vida de los indígenas de la Amazonía y que denunciaban las injusticias de los conquistadores.

Otro ejemplo de hermandad y solidaridad entre estos pueblos, según la historia no oficial, ocurrió en la década de los setenta, en la dictadura de Augusto Pinochet, miles de chilenos comenzaban su exilio a diferentes países, entre ellos Ecuador, la prensa ecuatoriana titulaba en sus portadas “Recibamos a los chilenos como hermanos”, recordando los principios de solidaridad de aquellos decanos de la prensa latinoamericana, Camilo Henríquez y Eugenio Santa Cruz.

Varios militantes ofrendaron sus vidas para defender las propuestas socialistas del presidente chileno y que dejaron huellas en los relatos de la izquierda ecuatoriana. Entre esos pasajes de la memoria no se puede olvidar al militante socialista Sócrates Ponce, quién se radicó en el Chile de Salvador Allende, e integrándose rápidamente a la contingencia política que se vivía el país austral, fue el presidente de los estudiantes extranjeros de la Universidad de Chile. Trabajó como abogado y entre sus aportes políticos más importantes, fue el interventor de la Industria metalúrgica (Indumet) que geográficamente se ubicaba en los llamados “cordones industriales” de la periferia en Santiago.

Ocurrido el Golpe de Estado el 11 de Septiembre 1973, el cadáver de Sócrates Ponce se encontró en las inmediaciones del Estadio Chile (Hoy llamado Estadio Víctor Jara), la prensa oficial de aquella época y las explicaciones gubernamentales (cancillería) ante la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA: 1974) señaló que el ciudadano ecuatoriano murió por enfrentamientos con las Fuerzas Armadas.

Sin embargo, la historia “no oficial” indica que Sócrates Ponce para el día del Golpe Militar se encontraba en los Cordones industriales junto a 80 obreros para defender al Gobierno Popular. Diversos testimonios recogidos a pobladores y obreros que participaron de estos acontecimientos, hablan de un militante “extranjero” digno y coherente con la izquierda chilena y latinoamericana.

Posteriormente, Ponce fue arrestado y trasladado al Estadio Chile, juntos a otros extranjeros. Su nombre sonó en los “parlantes” del recinto deportivo y sacado bruscamente fuera del recinto. El cuerpo registró 8 balazos. Su ejecución fue una clara violación a los derechos humanos. Hoy la memoria y la coherencia política de Sócrates Ponce Pacheco descansan en los patios de La Universidad de Chile y en la Plaza “Chile” en Quito, Ecuador.

Así también un busto y una estatua están ubicados en la Universidad Central del Ecuador y en la Universidad Estatal de Guayaquil como símbolo de fraternidad y reconocimiento al legado de Allende, pero sobre todo al impulso de una generación que se planteó la necesidad de construir una propuesta para los trabajadores de Latinoamérica y el mundo.

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Esta mirada histórica nos confirma que, en el ámbito académico, sobre todo en la universidad pública, la historia necesita ser revisada desde una perspectiva crítica y reflexiva para diseñar y difundir estrategias de comunicación que colaboren a construir la otra historia, y así generar una cultura para la paz y la solidaridad entre los pueblos.

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Kapari Comunicación

Red de Comunicación Comunitaria Ecuador