Comunicación y educación: Arquitectura para la no violencia

Miguel Angel Soto Kapari

Los medios de comunicación, los conflictos bélicos, las tecnologías de la información y los estados modernos, crean narrativas mediáticas capaces de construir variadas formas de violencia simbólica, destruyen la percepción crítica de millones de sujetos y se convierten en una estrategia clave para modificar las opiniones de millones de personas.

Los medios de comunicación, los conflictos bélicos, las tecnologías de la información y los estados modernos, crean narrativas mediáticas capaces de construir variadas formas de violencia simbólica, destruyen la percepción crítica de millones de sujetos y se convierten en una estrategia clave para modificar las opiniones de millones de personas.

De igual manera, estos avances tecnológicos otorgan a la comunicación masiva el poder de manejar a su antojo la percepción de la realidad, tomándose un papel crucial y decisivo frente a los diversos hechos de interés de la comunidad. Así, los medios se han convertido en otra arma empleada para orientar y discurrir sobre los conflictos de la sociedad, y no sobre las soluciones o el tratamiento de los discursos narrativos de la tolerancia y la solidaridad.

Los discursos son la base comunicacional que, manejados por grandes transnacionales o por el poder político hegemónico, imponen su ideología a través de sus sistemas funcionalistas, en los que se esperan comportamientos a favor de ellos, anulando el factor crítico reflexivo por parte de los involucrados.

Toda esta arquitectura mediática hace de la comunicación y sus tecnologías  un conjunto de efectos educativos que configuran y justifican las políticas impuestas en los países o regiones en desarrollo, rompiendo los códigos éticos y morales, contrariando totalmente a lo estipulado en leyes y legislaciones mundiales.

A partir de este contexto, es importante y urgente que se eduque a las personas para lograr un consumo crítico de los mensajes mediáticos, para poder develar los procesos de falseamiento de la realidad, evitando que los mass media sigan operando al servicio de la violencia, el racismo y la xenofobia. Dichas acciones se manejan desde el poder, acompañadas de imágenes, creando un mundo ficticio, una confusión sobre lo que se ve y lo que realmente es. De este modo, lo bélico es más rentable que la paz, lo que hace que la demanda por los conflictos (de cualquier tipo) tengan mayor oferta, mejor posibilidades de ser transmitidas que aquellas que tratan sobre la paz.

Por otra parte, los sistemas educativos tradicionales sacrificaron sus potencialidades genuinas[1] para enfrentar a un mercado mundial competitivo, parcelando la formación humana a una simple capacitación donde se adquieren las destrezas y habilidades que requiere la sociedad, olvidando que la perspectiva crítica de los educandos es justamente la base para releer  o deconstruir  el mundo.(Garcés: 26: 2002)[2]. Para ello, es necesario explorar estrategias educomunicativas, que permitan eliminar los obstáculos del poder a través del impulso a las iniciativas y la creatividad de los pueblos.

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Entonces, para que estas iniciativas se conviertan en hechos concretos es necesario potenciar una educación más participativa para la acción y definición de sus propias estrategias, al momento de enfrentar el fenómeno de la mundialización de la cultura masiva y virtual, que en definitiva es la cultura de la violencia.

La educomunicación  para la no violencia  debe  crear/diseñar reflexiones de  carácter  público y popular que  enuncien alternativas a las estructuras que perpetúan la cultura de la violencia. Es decir, donde se promuevan los valores de conocimiento de la diversidad, respeto por la democracia y los derechos humanos, tratando de reducir las expresiones de violencia que prevalecen en los medios convencionales.

Simultáneamente,  los medios son las herramientas potenciales para generar un cambio en la actitud de los sujetos; claro está que debemos considerar los límites que esto implica.

La comunicación y los contenidos deberán ser efectivos, que lleguen y fluyan en la opinión pública, y convertirse en agentes sociales para fomentar las transformaciones que la sociedad de hoy necesita. Asimismo, los mensajes necesitan estar conectados con los valores culturales de acuerdo a cada una de las sociedades en donde se halle inmersa, es decir, donde se promuevan los valores de conocimiento de la diversidad y la interculturalidad.

Igualmente, para los Estados miembros de la comunidad latinoamericana se  hace imperioso fomentar y recoger no solo las expresiones culturales, sino también las variadas dimensiones que ellas representan y mediante la realización de acciones significativas e innovadoras surjan los sectores populares.


[1] En ese sentido debe priorizarse el intercambio de experiencias y propuestas con respecto alas modificaciones necesarias en los sistemas educativos, de tal forma que se vayan generalizando las mejores prácticas educativas en nuestra región. Pág.21.

 

[2] Para el autor “la perspectiva crítica, no pude ocurrir como un encuentro de esencialidades, sino que debe servir como herramienta comprensiva y transformativas de las relaciones sociales cruzadas por la diversidad y el conflicto”.

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Kapari Comunicación

Red de Comunicación Comunitaria Ecuador